| Autor: El Gato Fritz, el 31-08-2006 22:33 |
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El revuelo que ha generado una novela y su adaptación a la pantalla chica no es más que una radiografia superficial de algo mucho más profundo que está sucediendo y es el posicionamiento de la subcultura del narcotráfico en la cultura tradicional colombiana. ¿Cómo es Pereira? ¿Qué es lo realmente sucede allí?
Definitivamente para la mojigatería y la doble moral de la sociedad colombiana, específicamente la de Pereira, poner en formato televisivo la historia de una niña que vende su cuerpo al narcotráfico para conseguirse un par de tetas de silicona, causa un bochorno que sonroja, pero para la sociedad de a pie, que observa como el estilo de vida del narcotráfico se impone, esta producción no es más que una radiografia superficial de algo mucho más profundo que está sucediendo y es el posicionamiento de la subcultura del narcotráfico en la cultura tradicional colombiana.
Para los lectores extranjeros, “Sin Tetas no hay Paraíso” es una narración literaria que parte de la vida real y que adornada con elementos de ficción, cuenta la historia de una adolescente que presionada por la sociedad del consumo estético y la cultura de la superficialidad, se prostituye para conseguir el dinero de una mamoplastia. Meses después, las tetas biológicas de la adolescente crecen y esto genera un problema de salud grave en la joven, todo esto en un proceso de consolidación del narcotráfico que ha logrado pernear todas las capas de la sociedad en la ciudad de Pereira y Colombia en general.
Pereira
Es una ciudad intermedia de aproximadamente 600.000 habitantes, situada a unos 300 kilómetros al suroccidente de Bogotá, es la capital del departamento del Risaralda, el centro comercial y financiero de la región cafetera de Colombia, la ciudad colombiana que más divisas per cápita recibe del extranjero, el enclave de las estructuras del narcotráfico del siglo XXI, la ciudad con el mayor índice de homicidios en el 2.004 y 2.005 en Colombia y la región que más prostitutas exporta legal e ilegalmente a Europa, consecuencia de esto, la muy reconocida fama de mujeres “querendonas, trasnochadoras y morenas” que poseen las que se dicen de estas tierras.
Pereira es una ciudad sin identidad, es el fruto del cruce de caminos, una ciudad intermedia fundada en las tierras que, en la época de la colonia, pertenecieron a los indígenas Quimbayas. Fundada por la migración caucana de finales del siglo XVIII y levantada con la fuerza antioqueña migratoria de principios del siglo XX. Pereira es la ciudad sin puertas, la ciudad donde nadie es forastero, quizás por eso y de manera jocosa, algunos habitantes mencionan el hecho de tener un gobernador del departamento de Caldas, un alcalde del departamento del Valle del Cauca y un obispo del municipio de Anserma.
Pereira es una ciudad que se ha caracterizado por su alto grado de migración, según el censo de hogares del DANE en el año 2004, de las 426.700 personas, el 49.5% (211.200) son migrantes internos de toda la vida. En cuanto a la migración reciente 32.000 personas no habían nacido en Pereira y 57.100 pereiranos vivían en otra parte, las razones recientes de la migración han sido de tipo laboral, familiar o conflicto armado. Del total de los migrantes recientes, el 56.1 % son mujeres (32.012), el rango predominante entre los 22 y 55 años donde la migración selectiva de las mujeres jóvenes y productivas es evidente. (1. Ver notas al final del artículo)
Ese cruce de caminos que fortaleció la ruta del contrabando a principios de siglo, “pronto fue pueblo, con tiendes y plazas de mercado; con estanquillo y escuela y hasta mujeres malas” (2) . El flujo de las personas, la migración y la falta de raíces ha desembocado en un complejo mundo de ideas diversas, que poco le han aportado a la utopía de crecimiento en conjunto, el rastro mercantil y la visión de ciudad próspera que la han orientado hacia el comercio “la llamada ciudad prodigio empezó a fabricar una especie de ambiente cosmopolita cuyo aire enrarecido chocaba con el provincianismo aldeano y la simpleza de sus costumbres” (3).
En su artículo Pereira o la Corporalidad Liliana Herrera, sienta las bases sobre:
“el imaginario erótico que se tiene de Pereira y que está determinado en lo corporal. Para explicar o sustentar tal imaginario, Herrera se sitúa desde el concepto psicoanalítico de la sublimación el cual implica la desexualización y la socialización de las pulsiones reprimidas, que gracias a este proceso tienen en el mundo cierta realización objetiva. Como Pereira vive en la exterioridad, como no es consiente de su pasado ni de su subjetividad y, en este sentido, su nivel de represión es bajo, entonces no tiene la necesidad de hacer evidente lo “prohibido” a través de un producto cultural, pues ya lo está expresando por medio de su cuerpo. De ahí concluye la autora, que en la ciudad no existan casos sobresalientes de creación intelectual y/o artística, a mayores logros culturales, mayor es el grado de represión de un pueblo” (4)
Narcotráfico
En cuanto al narcotráfico y sus manifestaciones violentas como culturales, la etapa que se vive hoy en día, es sólo el nuevo auge que ya ocurrió a principios de la década del 90. Una ciudad donde la gente que se lucra del trabajo legal, debe doblar sus jornadas de trabajo o deben trabajar todos los que puedan en un hogar para sostener un estilo de vida costoso, en el que el dinero se despilfarra en el ocio, la estética y la ostentación mientras se espera en el centro comercial la llegada de las divisas mensuales o “la coronada” de un negocio.
“Parte de un esquema histórico de la Pereira en la primera mitad del siglo XX, limitada a lo que hoy es el centro de la ciudad, y donde la avenida circunvalar era una zona semi-rural, con casonas de tipo cafetero, cuya arquitectura ha cambiado con el proceso de urbanización. Este cambio se vio influenciado, explica el autor, por la industria de la construcción y el capital proveniente del narcotráfico que dio paso a la cultura de la ostentación, del fácil enriquecimiento o del poder…
… la avenida circunvalar como huella de sentido para quienes la frecuentan, concluyendo que la zona de la avenida es, especialmente para los jóvenes, un espacio de exhibición y de encuentro. Los antiguos habitantes ya no la reconocen como una zona residencial, ahora es comercial de día y de diversión por la noche. En conclusión, el consumo, el paseo, la exhibición son rituales que ofrecen una cohesión, una huella de sentido a sus usuarios más frecuentes”. (5)
El narcotráfico, que no solamente trae consigo su dinero sino también sus manifestaciones violentas, ha generado una sensación de inseguridad que desemboca en el miedo de los habitantes, el miedo a los espacios públicos, el miedo a las fuerzas de seguridad del Estado, el miedo a los delincuentes etc. Imaginarios fuertemente reforzados por los medios de comunicación que dividen sus diarios en política, sociales y judiciales.
Las estéticas que impone el narcotráfico
Para la sociedad pereirana que ha explotado el cuerpo de una manera tan liberada, no es un tabú que la belleza se consiga en un quirófano y al costo que este implique, mientras la clase media, especialmente las mujeres, sólo les alcanza para hacer ejercicio en un gimnasio o para acudir a un crédito de consumo en los bancos para pagarse sus tetas y nalgas en “cómodas cuotas”, las más pudientes, las que llegan del extranjero, las chicas prepago que se han triplicado o las mujeres de los traquetos pueden invertir 6 o 7 millones de pesos en su cuerpo visitando un quirófano. Después de haber hablado con una chica y observar los andenes que se convierten en pasarelas, se puede inferir que en Pereira hay una sobreoferta de los productos para la estética femenina. Hay una tabla de precios que varía según el cliente, la capacidad de pago o el banco con el que tenga la relación el hospital, el consultorio o el médico.
“Si me lleva mi amiga, si me lleva mi hermana me puede salir más barata, los senos varían entre un millón, millón quinientos o dos millones usted escoge de acuerdo a su bolsillo y la calidad de la silicona. La liposucción y el levantamiento de cola cuestan cuatro millones y es barato, en Medellín y Bogotá vale seis o siete millones. Para las que vienen del exterior es barato pero para una aquí es muy caro y toca por el banco. La liposucción sola dos millones, pero todo eso cuesta mucha plata y el problema es que siempre se cae, por eso hay tanta niña prepago que primero se manda a poner los senos y luego se va haciendo el resto, la plata la recupera rapidito. El mantenimiento general, barato, hay mucho, el cepillado diez mil, la sesión en la cámara de bronceado siete mil, el manicure y pedicure nueve mil y me enciman el maquillaje. ¡Como todo entra por los ojos!, ellas recogen para hacerse sus cosas, el problema es que una señora del barrio quedó como un vegetal por la anestesia y me di cuenta de otra que quedó coja porque le cogieron un tendón de una pierna”. “El cuerpo en tanto que consumidor, es seducido instalando en él la sensación de que el objetivo de la sociedad es el placer de consumir y de consumirse en el proceso” . (6)
A muchas mujeres en Pereira no les importa el maltrato y el machismo de un hombre que tiene cirujano para las mujeres como mecánico para los autos, administrador para los negocios y cuidandero para las fincas. Muchas de estas niñas arriesgan su salud y su juventud con el objetivo de ser unas “Yayitas Mágicas” como diría el profesor Fabián Sanabria, en búsqueda del estatus que les puede dar un hijo para obtener algo de la herencia de un mafioso que por lo general no duran mucho o se desaparecen.
Quién gana y quién pierde entonces
De manera muy rápida y sin mayores análisis quién gana y quién pierde entonces al presentar en los medios de masa una realidad como esta, podría decirse que pierde la mojigatería y la doble moral que han querido tapar el sol con un dedo y ocultar esta realidad. Gana la sociedad en general porque conoce un poco más de esta problemática, se puede decir también que pierden los narcotraficantes porque se evidencian sus determinantes culturales simples y consumistas, pero a la vez ganan en su mundo de poder e ideal, pues muchos que quieren parecerse a ellos objetivizan sus deseos, el que sí pierde definitivamente es el hombre en su masculinidad, pues se reafirma el peso de la testosterona y la voluptuosidad sobre la inteligencia, el sentimiento, la galantería y la caballerosidad.
De la misma manera pierden las mujeres en la medida que validan el estigma del interés y la superficialidad, el uso del cuerpo como estrategia para conseguir lo que quieren. No obstante ganan de alguna en la autocrítica que deben hacerse sobre sus acciones, pierde indiscutiblemente el discurso de genero que busca la autonomía de la mujer frente al hombre. Gana de la misma manera Pereira, pues una vez más la presión externa la invita a asumir culturalmente el peso de su historia y proyectarse sobre este sin pena ni exclusión, pierde la Pereira que quiera seguir negando su realidad y martirizándose sobre su estigma, sin la capacidad de asumirlo de manera positiva.
Ganan los cirujanos plásticos que al reforzar la frivolidad de los hombres y las mujeres para interactuar estéticamente tendrán más clientela, al mismo tiempo pierden porque algunas podrán darse cuenta que ese no es el camino para conseguir las cosas, sin embargo pierde y pierde mucho la honestidad masculina cuando se enfrente a la pregunta intima ¿cierto que tu me quieres así como soy (sin tetas)?, al igual que la femenina ¿cierto que tu me quieres así como soy (pobre)?.
En fin, antes de ganar o perder, las puertas que se abren para la reflexión son amplias y significativas, seguramente una vez más los análisis de la opinión pública y la macroestrutura política y social, serán retardatarios y conservadores para seguir tapando las válvulas de escape que busca la sociedad para evidenciar sus transformaciones, mucho tiempo falta para que el narcotráfico, que es la matriz de este problema, sea tomado por los cachos y sea asumido como una oportunidad (finalmente ya está claro que no se está negociando con una cúpula paramilitar sino con un grupo de narcotraficantes), entonces por lo menos que estos sucesos abonen el camino para una reinterpretación del fenómeno que lleve más adelante a la necesaria legalización.
1) Tomado de Estado del Arte sobre Cultura Ciudadana en Pereira, Esteban Antonio Quintana González. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2005.
2) URIBE, Fernando. Historia de una Ciudad: Pereira Crónicas Reminiscencias. Pereira. 1963. Tomado de Estado del Arte sobre Cultura Ciudadana en Pereira. Ibid.
3) GIL, Montoya Rigoberto. Nido de Condores, aspectos de la vida cotidiana de Pereira en los Años 20. Ministerio de Cultura. Bogotá. 2002. Tomado de Estado del Arte sobre Cultura Ciudadana en Pereira. Ibid
4) HERRERA, Liliana. Pereira o la Corporalidad. Revista de Ciencias Humanas Universidad Tecnológica de Pereira. Año 1. Nro. 1. Pereira. 1994. Tomado de Estado del Arte sobre Cultura Ciudadana en Pereira. Ibid.
5) VERON, Alberto. Las Huellas del sentido y sus efectos en los estudios culturales acerca de lo urbano. Revista de Ciencias Humanas UTP. Nro. 23. Pereira 2000. Tomado de Estado del Arte sobre Cultura Ciudadana en Pereira. Ibid.
6) PINZÓN, Carlos. El Cuerpo Imagen. El Cuerpo como espacio de confrontación cultural. Universidad Nacional de Colombia. Maguare 14. Bogotá. 1999. p. 201
Más información de la serie en www.canalcaracol.com
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Este artículo es cortesía de Red Camaleón, la red juvenil de Colombia. El artículo fue publicado originalmente en la sección Sin Anestesia - www.redcamaleon.com
Última vez actualizado el : 09-09-2006 01:20
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