| Autor: Jordi Domènech, Xavier Escuté, Carol Gasset y Arianne Pérez, el 26-09-2006 19:47 |
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La figura del Hombre creador de vida y suplantador de Dios es un tema que, por sus implicaciones éticas, tiene abundantes referentes en la mitología y la literatura. Un mito griego narra la historia de Prometeo, un titán que creó vidas humanas enfrentándose a la furia de Zeus. Este mito es también el punto de partida de Frankenstein, de Mary Godwin Wollstonecraft (conocida como Mary Shelley). En este relato, que ha sido llevado varias veces a la gran pantalla, el Dr. Víctor Frankenstein reconstruye un cadáver a quien da vida en el laboratorio.
La obra está fuertemente influida por las teorías de la generación espontánea muy en boga en la época en que fue escrita. También las leyendas hebraicas dejan constancia de una criatura modelada en barro, a la que da vida un rabino mediante técnicas esotéricas cabalísticas. Esta criatura recibe el nombre de Gólem y ha sido la inspiración de numerosas obras cinematográficas. Ya en la literatura más actual, autores como Ray Bradbury o Isaac Asimov han tocado a menudo en sus escritos el tema de la vida artificial con una visión más centrada en la robótica y la nanotecnología, como en "Yo, robot".

Imagen de Frankenstein (www.sm5sxl.net)
Nos encontramos, pues, delante de un mito que sitúa al ser humano en el rol de creador, pero no un creador cualquiera, sino un creador de vida, adquiriendo el poder que desde las religiones se atribuye exclusivamente a Dios. Desde los filósofos de la sospecha, Nietzsche, Freud y Marx, la idea de la divinidad ha sido atacada tan duramente que la creación de vida en el laboratorio es el último clavo en el ataúd del concepto metafísico de la vida. Larga vida al existencialismo.
El origen de la vida en las civilizaciones antiguas. Del mito al logos
Desde sus inicios, el ser humano ha sentido curiosidad por los fenómenos que sucedían a su alrededor. La naturaleza le sorprendía y estas dos sensaciones estimulaban a los hombres a reflexionar sobre ella. Inicialmente, los mitos intentaron dar respuesta a aquellas preguntas que surgían de la observación del entorno.
El ejemplo más conocido es el del Génesis en las religiones cristiana y judía, en el cual la vida se genera por voluntad de la divinidad a partir de la tierra (o arcilla). Sin embargo, hacia el siglo VII aC, la creencia de que todo cuanto sucedía dependía de la voluntad arbitraria de los dioses o de fuerzas sobrenaturales comenzó a tambalearse, dejando paso a una nueva forma de entender el mundo y la vida basada en la lógica y la observación.
En este contexto, aparecen los primeros filósofos, observadores de la naturaleza, que buscan las respuestas en su propio mundo y abordan el estudio de la vida desde la razón. Este uso de la razón, o logos, para llegar a determinadas conclusiones, huyendo de los mitos o de las enseñanzas anteriores, pone de manifiesto una nueva actitud racional para la interpretación de la vida y el Universo, que llegará, después de muchos altibajos, hasta nuestros días.
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Este artículo es cortesía de su autor y la revista Eureka de España - www.portaleureka.com Última vez actualizado el : 30-09-2006 19:22
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