| Autor: Javier Hernando Santamaría, el 27-09-2006 00:00 |
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Desahuciar significa quitar la esperanza a alguien de conseguir lo que desea, en términos médicos se imparte desahucio a un paciente cuando sus expectativas de curación son nulas y el devenir de la muerte es inminente. En nuestro país no solo los enfermos son desahuciados, paradójicamente personas sanas, con sus cinco sentidos activos, vitales por donde se les mire, son desahuciadas sin misericordia por el único delito de haber cumplido treinta y cinco años de vida.
El desahucio al que me refiero se da específicamente en el campo laboral, sin una razón valedera un ciudadano de treinta y cinco años en Colombia queda condenado a engrosar las escabrosas y manipuladas estadísticas de desempleo que maneja el Gobierno, con la consecuente tragedia que significa no tener un empleo digno para subsistir, todo gracias a la extraña concepción de “utilidad” y “vejez” que manejan casi todos los empresarios y empleadores de nuestro país, para los que un empleado de 35 años ya cumplió su ciclo productivo y a lo sumo solo pueden contemplarlo como una opción de tercera mano.
Treinta y cinco años no son nada, a esa edad se ha alcanzado un cúmulo modesto, pero importante de conocimientos y experiencia en los distintos ámbitos de nuestra existencia, los suficientes para desempeñar un cargo cualquiera que este sea, amparado con titulo profesional o como asalariado, con la madurez, responsabilidad, visión, equilibrio y porque no con un favorable sentido de pertenencia, factores trascendentes para que toda empresa mantenga un nivel ponderado.
Llegar a los 35 es estar en el capullo de la madurez, mucho trecho por recorrer y mucho para dar laboralmente, por eso es inconcebible que en Colombia la experiencia laboral no se aquilate y la edad pase a convertirse en una especie de Karma que agudiza el trauma social que nos aqueja.
No se le haga raro si al abrir un periódico nacional en la sección de empleos se encuentre con varios de esos detestados clasificados que desdeñan y excluyen de tajo: “ Se buscan empleados entre 25 y 30 años para oficios varios”, “Se requiere secretaria no mayor de 25 años”, “ Se necesita Gerente hotelero menor de 35 años”; aunque por ley, este tipo de anuncios y el discriminar específicamente por la edad a un ciudadano que opta por un empleo es sancionable, quienes se encargan de seleccionar personal de alto, mediano o bajo perfil: Sicólogas, Gerentes y Directores de Recursos Humanos, orondos se pasan por la faja la norma vigente.
Y ni que decir si al karma de la “prematura vejez”, le sumamos la discriminación por color, religión u orientación sexual, tan graves como la anterior, pues no es un secreto que ciertas empresas se abstienen de contratar negros o gente gay y otras a razón de su credo, solo contratan a personas con su misma ideología religiosa.
En otros países contrariamente un empleado veterano ( entre 50 y 65 años) es considerado un baluarte y sus conocimientos y experiencia son aprovechados al máximo, es común ver a los adultos mayores en cargos de asesoría y asistencia de las nuevas generaciones, como docentes, o en ocupaciones ajustadas a su edad, pero igualmente importantes.
Para los desahuciados laborales colombianos el panorama es poco halagüeño, pues la esperanza de volver a conseguir un empleo digno y bien remunerado ya es una utopía en el país del Sagrado Corazón. Los desahuciados extremadamente pesimistas se quedaran cruzados de brazos esperando los “santos oleos gubernamentales”, los temerarios recurrirán como alternativa al subempleo, los renegados emigraran y los echados pa´lante empezaran a cultivar su visionaria mentalidad micro empresarial. Última vez actualizado el : 27-09-2006 00:00
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