| Autor: Juan Guayara Mora, el 22-11-2006 23:48 |
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Esta película empezó a proyectarse hace veinte años. Denys Arcand escribió y dirigió en 1986 La decadencia del imperio americano, tomando como premisa la creencia de que un imperio cae cuando la importancia de los individuos prevalece sobre la del bien común. En Las invasiones Bárbaras sigue acentuando esa idea pero zafándola del trasfondo intelectual, ofreciendo al guión y la historia un tratamiento personal y sugestivo, donde la condición humana se pone a prueba incluso quebrantando el sistema o el establecimiento.
Este es un filme que pone a prueba los valores personales y sociales: En el marco de la tragedia inminente de la muerte de Remy, se desarrolla un áspero retrato del desencanto de las viejas generaciones representadas por él y sus amigos que contrastan con el espíritu consumista y desencantado de las nuevas generaciones encarnadas en los personajes de Sébastien y Natalie. El enfrentarse a la muerte y aceptar lo vivido, el papel fundamental de la familia y las amistades, el respeto, la comprensión y la reconciliación, el vértigo del tiempo y el mundo, la corrupción del sistema, el contraste entre actividad intelectual v.s actividad productiva, son algunos tópicos que de manera renovada e inteligente utiliza el director Denys Arcand para diseccionar a la sociedad canadiense, retomando los personajes de La Decadencia del Imperio Americano, para trasladarlos 17 años después a un mundo caótico y que ellos no comprenden, un mundo invadido por el terrorismo, la violencia, la globalización, los inmigrantes, y donde sus ideales y creencias -que en la primera cinta defendían- ahora no sirven de objetivos, incluso se ven muy lejanos de sus propósitos; el tiempo utópico de la política se mezcló con sus sueños y acciones personales, ahora en el otoño buscan la felicidad personal para seguir socavando el sistema, pues este nunca fue real, aún dentro de una sociedad desarrollada como la canadiense.
Pero la cinta recupera el optimismo en el personaje central y epicentro del drama, Remy acepta la muerte y la vida que llevó. Es un viejo necio, mujeriego, que admite sin tapujos que abandonó a su familia, que defiende su culteranismo. Es un comunista irredento que no trata de remediar los errores que ha cometido a lo largo de su vida. Está bien consigo mismo y no busca pedir perdón a nadie ni reconciliarse con la vida misma. Aún en sus últimas horas se da tiempo para burlarse de sus ideales, sentirse atraído por la enfermera que lo cuida o darle -paradójicamente- motivos para vivir a la joven Nathalie.
Igualmente la cinta expone situaciones sociales del caos a nivel global y local, más allá de referencias directas a casos como el 11 de septiembre, a los inmigrantes ilegales en Canadá que han acaparado el mercado del narcotráfico, hay otras acciones como el hecho de que Sébastien consiga heroína para menguar el dolor de su padre y el uso de Nathalie, la crítica a las condiciones de los servicios públicos canadienses, y sobre todo el polémico final que cuestiona las bases no sólo políticas, sino éticas del hombre moderno y su relación con la noción de estado.
Probablemente tenga razón Remy cuando menciona que la humanidad es una sucesión de abominaciones, una larga cadena de invasiones bárbaras, la decadencia continúa y ha alcanzado su momento más álgido. Pero ante estas posturas avasallantes de la civilización globalizada moderna, aparece en su vida una invasión más especial: la de la celebración por la vida por tener al lado en sus últimos instantes, familia, amigos, recuerdos, creencias, sueños, logros y fracasos.
PALMA DE ORO Premio Mejor Guión Original – Mejor interpretación femenina – Cannes 2003.
Última vez actualizado el : 22-11-2006 23:49
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