| Autor: Laura Juliana Muñoz Toro, el 27-09-2007 00:00 |
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Él
Una vez más, concéntrate. Intentaré ignorar solo por
hoy el calor abrumador que produce la mezcla entre una camisa formal y una oficina
pequeña. Ignoraré esta vez los murmullos y el teléfono
que alarmante nos recuerda a todos los empleados la urgencia del día
a día. Sí, lo haré, también ignoraré las
impresoras de sonido infinito y los pasos lentos, fofos y maniáticamente
sutiles. Los olores dispersos, indescifrables, mezclados, que abarcan todo el
espacio.
He fallado, negar y hacer conciencia de todo para ignorarlo
hace que cada vez me funda más en esta pieza de un sistema empresarial.
No digo que sea malo, es mi sistema, es mi dinero, es mi desespero.
Ella
El frío de
la soledad. La soledad de estar rodeada por la compañía de extraños.
La extrañeza de verme cada vez más adentro de la velocidad urbana
y más afuera de mi misma, de mi mente, de mis deseos, de mi rostro
frágilmente reflejado en las botellas del bar, de mi sexo olvidado…
Una ronda más pide la mesa 4, una rebaja, una cita, un piropo, un insulto,
confesiones con aroma etílico, la envidia del amor pasajero de los
clientes y de los roces disimulados de los amigos que se atraen. Con esto
vivo, con la vida, el dinero y la noche de otros.
Él
Realmente es poco
el tiempo que tengo para soñar, solo lo tengo para crear mapas estratégicos
de mi vida. No, no le estoy diciendo que sea un aburrido, tengo una vida como
cualquier otra: sexo, amigos, familia, proyectos. Tiene razón, proyectos
para mí solo, es que no he tenido suerte en el amor. Entiendo, usted
se refiere a entregarme más a las sensaciones, pero es que las mías
me abruman, me encierran, me estancan, y yo busco crecimiento.
Ella
Espero que no me lleve
a un mal lugar. No creo que me merezca algo fino pero no algo sucio. Él
paga todo, es un hombre decente; además, no cobro una noche de lujuria,
yo también la disfruto. Como yo, él busca salir de la rutina,
pero ninguno busca escapar completamente, la necesitamos.
Él
No creo que esto sea
más placentero si dejo sobre las sábanas mis emociones. No quiero
ser vulnerable.
Su piel se siente suave. Cederé
un poco y me dedicaré a descubrirla suavemente para que no se intimide,
a besarla tiernamente, a conocerla por su piel erizada. Incluso, tal vez le
escriba cartas de amor con mi lengua en el lugar que más sensible tenga
el tacto.
¿Lo estará disfrutando?
Yo lo disfruto, me gusta que también me acaricie, que me maneje y me
lleve al punto que ella quiera. Disfruto su humedad…el cuerpo no miente,
las mujeres sí.
Ver el techo, o las sábanas,
o la cama, verlo todo menos a ella es un acto reflejo. No quiero reconocerla,
no debo inmiscuirme en su mirada, hasta ese punto no llego. Cederé
otro poco y daré un vistazo, eso me ayudará a saber su grado
de placer… pero no puedo dejarlo, ella también tiene sus ojos
clavados en los míos, solo los cierra cuando la circulación
alterada se lo ordena, es tan hermosa, y su boca es tan sensual que desde
lo alto vuelvo a lo básico de un beso.
Ella
Estoy muerta en vida,
pero en estos pequeños momentos el dolor me hace recordar que respiro.
El dolor de entregarme una vez más, de amarlo para que ambos podamos
disfrutar y de no saber lo que piensa o lo que sucederá después.
Lo acerco cada vez más a mí,
quiero sentirlo realmente, que me bese, estar cerca de su aliento de sexo,
de su piel áspera, de los sonidos que generan nuestros cuerpos con
el vaivén. Quiero hacerlo estallar de a pocos, de manera que haga muecas
y que me hable con gemidos porque sé que no lograré más.
Lo aprieto con desespero, no sé
si lo siente. También aprieto mis mandíbulas y mis manos en
la almohada o en su derriére, según lo que estemos
haciendo.
Según el ritmo, la posición,
las caricias, la mirada, sus palabras y su fuerza, el dolor físico
o el agotamiento, paso por distintos niveles de placer. Me pregunto si eso
fue un orgasmo, me pregunto si él pensó que fue así.
No me pregunto nada más, al fin y al cabo mi mente está en la
habitación y la gran ‘o’ a veces se tiene y se sabe, otras
no se sabe así lo nieguen las descripciones enciclopédicas.
Soy poco enciclopédica, más bien soy distraída y desmemoriada.
¿Será que el condón resistirá?
Él
Ella me aprieta, no
debería hacerlo porque estoy a punto de concluir con este encuentro.
¿Será suficiente? No sé por qué siempre me ha
quedado tan difícil saber cuando están satisfechas, no se lo
quiero preguntar, ya me he involucrado bastante.
Me entrego al momento de a pocos, y
al final hay más de mí para entregarme completamente. ¿Será
que el condón resistirá?
Me mira como esperando que le diga algo, no lo haré, mejor la beso
o le sonrío. No, eso también es muy personal. ¿Q quién
engaño? Mi sudor, su mano en mi pecho, nuestras piernas entrelazadas,
yo regado en ella y ella en mí… eso no es impersonal.
Ella
Se dio cuenta de que
reclamo lo que doy, pero yo también me di cuenta de que él no
lo hará. Vuelve el dolor. Pasará. Me visto sin ser observada por
él, así lo haga en sus narices, no me siento deseada, creo que
es algo minúsculo frente a lo que acaba de pasar. Salgo inmediatamente
y me escabullo de nuevo en el humo, en la ebriedad ajena, en las reflexiones
incesantes y en mi soledad acompañada.
Él
Desde que salió
de aquella habitación barata no dejo de pensarla, de pensar en la luz
que reflejaba y que entregaba sin rasgo de egoísmo. Ese sonido de nuevo,
ya empezó de nuevo el calor del medio día. ¿En qué
pensaba? Tal vez debo intentar una vez más concentrarme e ignorar todo
lo referente a esta oficina. Última vez actualizado el : 27-09-2007 15:15
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