| Autor: Ailin Martínez, el 09-02-2006 00:00 |
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Solo se escucha la lluvia. La lluvia de una noche de soledad. Y es que hay días en lo que uno no se siente tan solo; hay días en que el ruido, la luz, la TV, la música, los libros y los espejos te acompañan. Pero hoy no. Todo lo que hay a mi alrededor pierde sentido y queda suprimido e incluso cuando intento acercarme a algo (objeto, persona o sentimiento) esto se desvanece dejando tan solo ver su sombra, su sombra siluetiada al fondo de la oscuridad, lejos, distante de mí.
Entonces intento hablar pero no me escucho y corro hacia el espejo pero no me veo... allí solo observo la casam el sitio como una pintura estática y me desespero gritando con locura; sin embargo, no escucho nada. Me derrumbo. Caigo al suelo y lo siento frio, pero lo siento. Me reconforta su frescura, me invade, me renueva. Su textura masajea mi cuerpo mientras que las contorsiones y desesperación se alejan de mí. Por fin encuentro la calma. En ese instante apago mis ojos y me veo, cierro mi boca y hablo, tapo mis oidos y escucho. Mi ser invadido por una gran alegría comprende que ya no estoy sola. Y es entonces cuando te huelo, te siento, te escucho y te veo. Es entonces cuando comprendo que solo en la muerte podré estar a tu lado. Última vez actualizado el : 18-05-2006 14:44
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