| Autor: Vera Carvajal, el 23-02-2006 00:00 |
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Nostacio se cuidará de levantarse con el pie derecho esa mañana de su vida después de soñar la noche entera caminando entre piedras silenciosas. La radio anunciará que aún para los gallos es madrugada, pero él sabrá medir bien la distancia en sus pasos y se despabilará para cumplir la cita en el crucero que lleva hacia la mina, o el caserío, según destino se lleve.
Mirará a través de los hilos de luna que se cuelan junto al frío en el quicio de la ventana única y diminuta, incrustada en una pared de adobe, antigua y hendida.
Con la tenue luz organizará las hojas de coca, el aguardiente, la chonta, el crucifijo y las plantas frías y calientes que había tomado el día anterior, con el permiso de los esipiritus de la mismísima laguna. Ya no recordará cómo aprendió el lenguaje del páramo, de las nubes, las estrellas y las señas que aparecen en el cuerpo como liebres nerviosas, no recordará cómo se hizo intérprete de sus hermanos mayores, ni cuando curó el primer mal de ojo. Habría trabajado todo el día anterior sin suerte de quien refrescaba. En su cita, entregaría entonces la contra, sabiendo que esta vez, debía preparar una combinación inequívoca para el buen morir, pues nada enderezaría el camino de su compadre. Hará demasiado frío para bañarse y como de costumbre se juagará la boca con un buche de café recién colado por su mujer, que se habrá levantado por obligación, más que de ganas. Con la luna a sus espaldas y mambiando, emprenderá el camino aprendido desde cuando al nacer le enterraron allí mismo el ombligo, para que nunca la distancia le ganara a la memoria. La seña en su mano le contará que lo inevitable ya pasó y el apretará el paso, pues al mal paso hay que darle prisa, y así sus pensamientos desbocados hablarán en su lengua ancestral sobre el dolor de ver morir uno tras otro a los amigos, de cómo es irse quedando solo, con el miedo metido entre las vértebras. Al llegar al crucero Nostacio sacará de su mochila la chonta unida con el crucifijo, sacará un trago grande de aguardiente para las almas y tomará otro que soplará al Oriente y al Occidente, volteará de izquierda a derecha las plantas frescas, mirará al cielo y bajará los ojos pues no habrá ni estrella, ni nube, ni viento ni seña que le conteste: ya ni los hermanos mayores se atreven a predecir lo que la barbarie puede hacer. Mirará hacia el camino que viene de la mina y divisará la silueta de alguien que se acerca, pensará que es su compadre y sentirá alivio, pues Nostacio no es de los que se alimentan del paliativo de sobrevivir a otros. Advertirá que no es a quien esperaba, sin tiempo para preocuparse, porque la silueta tomará vida con rostro conocido. Maximiliano no pudo cumplir su cita, él me dijo que viniera a cuidarle la espalda, eso, antes de que lo dejaran a él en 18 pedazos regao por el camino y compadre lo más importante es que se juera ya mismo porque usted es el que sigue en la lista. Nostacio no llorará y destejerá el camino a su casa, la cosecha de moras estará por comenzar.
Este cuento fue cedido por Vera Carvajal desde su blog personal Tierra de Maíz - www.tierrademaiz.com. Última vez actualizado el : 23-02-2006 00:00
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