| Autor: Luz Andrea Lancheros, el 22-03-2006 00:00 |
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2. Norte Nuestro hermoso y jodido Versalles “ I’m not like them, but I can pretend. The sun is gone, but I have a light. The day is done, but I’m having fun . I think I’m dumb, or maybe just happy” Dumb- Nirvana.
La elegante y oxigenada cortesana cubierta de Chevignon y otras marcas que se pelean su anoréxico cuerpecito, avanza odiosamente con una bolsa de tesoros en una mano, y un maniquí andante (con auto y celular incluido para sus juegos) en la otra, a traves de ese odioso Versalles alejado de toda esa inmundicia mundana llamada realidad.
La pequeña bruja va escrutando con sus pequeños ojos todo lo que debe comprar para obedecerle a Karl Lagerfeld o a otro presumido (y drogado hasta la medula en orgias que no pasarán en las revistas del peluquero) gurù de la moda, quien al igual que ella debe secarse hasta morir para mostrarle a sus semejantes que los huesos deben lucirse con algo de estilo. Estilo, elegancia, chic, pret a porter, fashion, Andrea Casiraghi, Brad y Angelina, vintage, Jean Paul Gaultier, The O.C, IPOD, La Riviera, Punta Cana, Jet Set, Naomi, pasarela, no te olvides del plan en Andrès. Todo esto pasa por la en apariencia hueca cabeza de semejante monstruo, quien no duda en manipular a su maniquí, sueño de toda MoneyPenny o tal vez de toda payasa arribista de otros lares que aun cree en estupidos príncipes azules de ojos grandes, para que obtenga por una ridiculez un trapito que tal vez su propia y menospreciada sirvienta fabricó en su trabajo extra y rotuló “Made in nosedonde” para ganar una niñada. No contenta con eso , la princesita exhibe luego a su complaciente juguete nuevo en el apogeo de este demente palacio. La 93, le dicen. Neòn, terrazas, alimentos que tu madre cocina que cuestan 10000 veces más. Limpieza, maniquíes, cortesanas, cortesanas oxigenadas, maniquíes, algún estùpido actor de pacotilla que tanto odias (o amas), todos apestando a… perfume, o a cigarrillos, o coca, quien sabe. Toda de muy buena calidad, cara, jodidamente cara, como todo en la vida, hasta el aire que tontamente empacan en pequeños oceanos de plástico azul, como sus caras llenas de bótox reflejadas en la luz. Miras a la princesita y ella te ve. Eres un asqueroso insecto gordo y pobre, dice. La maldita mosca en la leche cara. La terrible princesita llora al verte ahí, y finge divertirse aún mas. Besa a su maniquí asegurando lo que el querrá (y que tal vez consiga por unos cuantos billetes con otra de sus amigas gallinas) y lo que ella tendrá para siempre y tu no. Entonces ahí comprendes. Versalles nunca ha sido ni será tuyo. Solo es de ella. Tu solo mirarás por toda la eternidad como se drogará al llegar a casa y vomitará los crepecitos en su casita de porcelana después de darle al maniquí lo que ha pedido, y tal vez busque por otra ridiculez tus tijeras, o tu cabello o tu cara para ponérsela y no ser, por una vez, diablos, esa sonriente y blanqueada cortesana uniformada ,esclava de sus tontos ritos y de las expectativas de otros, esa inocencia corrupta que te venden por televisión, ese poder esclavizante de la estupidez, la arrogancia, el dinero y la inocencia juntas, que quizás tu ya hayas acogido vomitando la comida de tu madre y casándote con tu tarjeta de crédito para que Chevignon y Americanino luchen juntos en tu aún deforme cuerpo y en tu aun horrible cara, para demostrarle al mundo que el Cielo existe, y que el Infierno no está muy lejos de el, mi pequeña arribista y nueva princesita. A propósito, en Andrés hay rumbita con agüita y Pipe nos lleva ¿Vamos Natasha, digo Nati? Historia de cuatro ciudades primera parte Última vez actualizado el : 22-03-2006 00:00
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