| Autor: Luz Andrea Lancheros, el 27-04-2006 00:00 |
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La ciudad de los olvidados
"El de la rebaja baja del taxi, los tiros, la tira, el basuco y la mentira! Esta ciudad es la propiedad del Señor Matanza. Esa olla, esa mina, y esa finca y ese mar. Ese paramilitar, son propiedad del Señor Matanza. Ese federal, ese chivato y ese sapo, el sindicato y el obispo, el general son propiedad del Señor Matanza" El Señor Matanza- Manu Chao. Hacerle el almuerzo a Jairo.
Ir primero a la tienda de don Carlos y pedirle, como de costumbre, que te fie una libra de arroz. Tocó sin carne. Y te sientes extraña. Esos derrotados, viejos y bigotudos tipos mirandote en la penumbra de la tienda al lado de las frutas. Traen cinco cervezas encima, tal vez diez, que importa. Te hacen cosas que con sus gordas y resignadas mujeres no quieren hacer solo con mirarte. Hueles a cerveza vieja , sientes la anaranjada penumbra del humo del cigarrillo y oyes como Dario Gomez sigue lamentando su triste suerte en esa deslumbrante rockola que don Carlos tiene al lado del estante de los dulces, la reina de la tiendecita. Don Carlos anota en un viejo cuaderno cuanto lleva tu madre en la cuenta infinita. Coges tus paquetes y te vas.
Caminar a través de esas casas de nadie.
De esas casas desnudas que toda tu vida has visto. Cerros llenos de ellas Ladrillos y antenas. Perros ladrando furiosamente sobre esas tristes y eternamente fregadas terrazas llenas de macetas que todo lo han soportado. Calles lodosas que no te importa caminar con tus desgastadas chancletas de plastico. Casas parecidas a moteles, casas ostentosas. Muchos de tus amigos han cambiado de suerte. Sabes, o no, no sabes, si lo que hacen es "bueno" o "malo". Cada semana matan a un amigo de tu hermano o a alguien que conociste. Tienes miedo. O no tanto como para seguir caminando.
Alistarte para ir al colegio.
Y el uniforme ya no te cierra. Tocó comenzar a fajarte. No sabes como diablos ocurrió.Wilmer, el idiota de la cancha de microfutbol. O Jonathan, el de al frente. Que tu madre ni se entere. Que no la sigas viendo. Es una caricatura aterrorizante y distante. Un pellejo lleno de maquillaje barato que no hace mas que pegarte y sufrir lo que tu no terminarás de. Que no te vea esa vieja. Coges tus cuadernos y te dispones a perder el tiempo con otros 50 desubicados que terminarán siendo tan extraños como tú en ese rinconcito del olvido, quizás pudriendose en una fabrica de plasticos o teniendo hijos por siempre (o abortandolos, como algunas de tus amigas) y bailar esa cancion de Don Omar en ese palacito de ladrillo que ansia, tanto como tu ansias que eso que llevas dentro no existiera, su segundo piso.
Irte a la miniteca
Bailar Don Omar hasta enloquecer y no contarle nada a Wilmer. Hablar en la cancha de micro de estupideces varias. Convencer a Wilmer de que te lleve a tu lugarcito de diversion, el Centro Comercial Tunal, comerte un heladito, y soñar con esa blusita pegada y brillante que le viste a la Yurani, y que la hace verse como Angie Cepeda.Ya no te va a quedar bien. Entonces, tus sueños se resquebrajan como tu cuerpo dolorido, como ese cuerpo al que trajinaban desde tus 12 .
Llenarse de rabia.
Ver, como siempre sucede, a Wilmer con otra y dejarse humillar y golpear hasta la saciedad por tu madre o quien sea. Ya sabes que el infierno será el primer dia del resto de tu vida. Ya lo sabes. Vete entonces a limpiar tu palacito de ladrillo hasta ver como el amante de turno del pellejo vomita sobre tu piso limpio de jabon prestado. Y llorar, llorar frente a las amigas, frente a la ingenua trabajadora social, llorar por el olvido de esta ciudad, por ser solamente los enanos de ese cochino circo llamado mundo. Llorar, trabajar y resignarte. Abortar, o tal vez no. Condenar tus huellas al lamento gris que quien sea te dio por mundo. Y seguir yendo a la iglesia. Y ver morir. Ver fumar. Ver salidas ingenuas, como castillos de barajas. Olvidar y seguir caminando.
Olvidar y seguir caminando en esta ciudad, la ciudad de los olvidados como tu, sin un nombre, solo estadisticas, acurrucados en sus casitas de ladrillo tan desnudas como ellos mismos. Olvidar y seguir caminando, piensas en ese bus destartalado que cruje por cada hueco que coje en la Decima con 27 sur. Olvidar, olvidar como se hace siempre en esa gris ciudad de los que ya estan olvidados. Última vez actualizado el : 27-04-2006 00:00
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