| Autor: Julián Pérez Arias, el 31-01-2006 00:00 |
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Cinco años después de la muerte de Montserrat Ordoñez,
ocurrida un 22 de Enero, presentamos a nuestros lectores su libro “De
voces y amores”: la reflexión de una lectora y escritora sobre
autores, lecturas y escrituras.
A mis cómplices,
para continuar la siembra de pasiones.
Este libro fue diseñado por su autora durante los meses de julio y
agosto de 1997 entre Amherst (Massachusetts) y Bogotá. Luego de proponer
su publicación a Editorial Norma, pospuso la ejecución de su proyecto.
La autora falleció el 22 de Enero de 2001. Este libro quedó dentro
de los muchos proyectos…, proyectos en los que pensaba con enorme entusiasmo.
Este tal vez encabezaba su lista.
Al momento de leer el libro, para disfrutarlo y luego para escribir esta reseña,
la idea era hacerlo en el formato de una entrevista póstuma o virtual,
como diría Amat. Grata fue la sorpresa del reseñista al descubrir
que la autora incluyó un capítulo con este esquema.
ENTREVISTAS-ASOCIACIONES
¿Por qué escribe?
Escribo porque lo que quiero decir no aprendí a transmitirlo con la
danza, ni con el silencio, ni con el gesto, ni siquiera con el amor, y si no
lo escribo lo olvidaré y sin memoria me quedaré sin vida, sin
esa única vida de azar en contra del azahar, tan vulnerable, tan prescindible.
Las palabras me persiguen y aunque no son mías, que no hay discursos
propios sino apropiados, que yo no soy la única con acceso a esas combinaciones
precisas, si no las escucho me ahogan, me acorralan, me lapidan, y sólo
vuelvo a reconocer mi cuerpo si logro despojarme de mis palabras y de mis pieles
viejas y, desollada, vuelvo a empezar.
¿Qué otro sentido, tiene escribir?
Creo, también, que para mí escribir es una batalla contra la
injusticia y contra el caos, contra los silencios impuestos, contra las continuas
agresiones que recibimos las mujeres, aunque yo casi pertenezca (me suena irónico
después de mi errática escritura de toda la vida) al grupo de
las privilegiadas.
¿Hay tortura en lo que escribe?
En verdad, no podría escribir desde las rosas, los jazmines, las auroras
y el amor, aunque los conozca, si he vivido entre el dolor y la violencia. Por
otra parte, no creo mucho en una escritura sólo de paz y de celebración,
sin tensiones ni contradicciones.
¿Es fácil escribir?
Escribir no es fácil, porque para poder llegar hasta la página
hay que vencer nuevas barreras cada día, porque es un oficio que se practica
sin fin, una carrera sin meta. No es una actividad natural, a la que el cuerpo
se entregue como al agua, al sol, al sueño, a la comida, o al amor. Es
una decisión a veces demencial. Un tiempo sin reloj, papeleras que se
llenan, letras que bailan, libros que caminan, caras alucinadas.
Escribir, ¿es libertad?
Escribir no es libertad, porque la persona que escribe vive torturada en un
espacio de espejos y de aristas, entre lo ya escrito, lo que escribe, lo que
quiere escribir, lo que nunca escribirá. No es permanencia, porque su
escritura es ajena y no le evitará los desgarros de sus muertes. Es una
extraña forma de vivir, una mediación despellejada, que reemplaza
mucha vida pero no la oculta ni la ignora.
Y sin embargo, la persona que quiere escribir y no lo hace, vive y muere condenada.
Por eso, hablar de la escritura y del oficio de escribir es suicida. Los que
hoy queremos seguir viviendo con palabras, debemos ahora, ya, callarnos e irnos
a nuestro posible o imposible rincón y escribir, escribir para poder
morir en paz.
Montserrat Ordoñez murió a sus 60 años, víctima
de un cáncer; había nacido en Barcelona, de padre colombiano y
madre catalana. Fue profesora titular de la Universidad de los Andes, especializándose
en literatura escrita y leída por mujeres. Siempre jugó con las
palabras. Con ellas y de ellas vivió, lectora, estudiante y profesora
de idiomas y de literatura, editora, traductora, conferencista, periodista,
crítica literaria, investigadora, viajera y escritora, actividades que
le descubrieron imprevistos mundos.
¿Se identifica plenamente como lectora?
Sí. Lectora traidora, desde antes de ir al colegio y de saber leer,
cuando me aprendía de memoria los cuentos que me leían y los repetía
línea por línea, señalando las palabras con el dedo índice
como si tradujera signos. Luego esa gracia infantil se convirtió en maldición,
para mí y para todos los que me rodeaban, cuando devoraba colecciones
completas y las palabras ajenas eran mi refugio, mis ecos, mis referencias secretas,
sin verbalizaciones compartidas. Leía sola y mi mundo se dilataba, desarticulado,
lleno de esas telarañas que se apoyan en la vida y que no son la vida.
¿Cuál es el eje de la enseñanza de la literatura?
Compartir y divulgar es también el eje de la enseñanza de la
literatura, esa transmisión que los obsesivos del libro hacemos en clase,
entre amigos, entre editores, en los comentarios que a veces escribimos. Queremos
que otros lean lo que nos gusta, incluso tratamos de obligar a que les guste
lo mismo.
De sus oficios.
Hago lecturas críticas y las escribo, pero a menudo decido que estoy
harta de pretensiones de originalidad y primeras personas, y decido dejar el
espacio a las voces de los otros. Así, con frecuencia he preferido ser
lectora y transmitir, impresas, compilaciones de mis lecturas.
Traduzco, porque traducir es también compartir y es la mas adecuada
combinación de una lectura y una buena escritura.
Edito porque, como me sucede en la docencia me gusta ser puente.
Escribo artículos sobre literatura, porque en los últimos años
he encontrado un discurso crítico contemporáneo en donde me puedo
hallar con alguna comodidad, un discurso de autodelación y de apertura,
que acoge mis obsesivas metáforas, que se opone a la omnipotencia y a
la supuesta objetividad de la crítica de mi época como estudiante,
un discurso, en fin, que se basa en una profunda conciencia de género
(masculino/femenino) y de historia.
“DE VOCES Y AMORES”, está dividido en cuatro partes.
En la primera, se presentan trabajos pioneros para la definición de
una historia literaria en Colombia, sobre cuatro[1] escritoras poco estudiadas:
Doña Soledad Acosta de Samper, Elisa Mujica, Marvel Moreno y Laura Restrepo.
El interés de revisar el canon de la literatura latinoamericana, para
que en él quepa la escritura de mujeres es el enfoque de la segunda parte.
Clarice Lispector, Luisa Valenzuela, Cristina Peri Rossi, Rosario Castellanos
y Blanca Wiethuchter, son las escritoras protagonistas.
“De voces, de viajes, de memorias y de amores”, el tercer capítulo,
incluye voces masculinas silenciadas, para darles la palabra y un lugar dentro
de las lecturas necesarias. Incluye textos escritos a propósito de obras
de autores colombianos del siglo XX.
La última parte es la demostración práctica de la tesis
latente en todo el libro: el amor por las lecturas y escrituras se expresa leyendo
y escribiendo, y compartiendo voces y amores. El último ensayo de esta
parte, último del libro, sigue las claves de su discurso: “escribir
es una batalla contra la injusticia y contra el caos, contra los silencios impuestos”.
“No se puede pasar sin dejar rastro”, “y ese tiempo de papel,
de texto construido, tejido, es una manera de dejar huella, de construir vida
propia y ajena”.
Para terminar, el epílogo. Epílogo designa a algo que viene
después, al final, y en este texto ese sentido se carga de un fuerte
sabor a despedida. Este texto, como lo dice Barbero, no puede acabarse de otro
modo que haciendo mágicamente mías las palabras con las que Montserrat
cerró su última carta a Marvel Moreno – Evocación
-: “Sí, te pienso libre ahora, mientras tus lectores descubrimos
tus mundos y tus procesos, y encontramos atajos gracias a ti”
“DE VOCES Y DE AMORES. Ensayos de literatura latinoamericana
y otras variaciones”.
MONTSERRAT ORDOÑEZ (1941-2001)
Carolina Alzate, Liliana Ramírez y Beatriz Restrepo / Editoras
Grupo Editorial Norma. Bogotá. 2005
Colección VITRAL. Última vez actualizado el : 31-01-2006 00:00
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