Expresión Viva - Woodstock, el lugar de la utopía

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Woodstock, el lugar de la utopía Imprimir _CMN_EMAIL
Autor: Carolina Ángel Idoro, el 28-01-2006 00:00
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El lugar de la utopía.

Cuando a Abbie Hoffman, el líder político de la contracultura estadounidense, lo investigó el comité de actividades antiamericanas por su participación en las movilizaciones políticas de la década de los sesenta, y le preguntaron su nacionalidad, respondió: -Soy de la nación de Woodstock. – ¿Y eso dónde queda?, -es un estado mental.

Antes de los movimientos sociales por los derechos civiles, Estados Unidos atravesaba por su mejor momento, la segunda guerra mundial terminó a mediados de los 40 dejando ganancias y heroísmo para el país norteamericano, que ahora se consolidaba como la primera sociedad avanzada de la posguerra. La mayoría de las necesidades básicas de sus pobladores estaban cubiertas. Las personas comunes podían tener lo que sus deseos le permitieran, y el consumismo crecía a medida que la industrialización y el comercio aumentaba. Alzando la bandera de la democracia los gringos se enorgullecían de ser la tierra de la libertad, el lugar donde los sueños se cumplían con sólo ir a una tienda y escoger de entre una variedad de objetos el que más se ajustara a sus gustos. Cómprelo y sea feliz parecían ser las palabras de cabecera de este país. Sin embargo el modelo se fracturaba desde adentro, desde lo más profundo en su conformación como estado, desde las juventudes que miraban indignadas como muchos norteamericanos sufrían los horrores de la segregación, la exclusión y el imperialismo.

En la época de la esclavitud las comunidades negras fueron llevadas de Africa a Norteamérica como objetos. Sacando a los negros de sus regiones se dividieron familias enteras. Sin importar que fueran hijos, hermanos, esposos o padres de alguien, los vendieron como propiedades de hombres iguales a ellos, que basados en sus religiones creían tener el derecho de comercializarlos como al ganado en la época del colonialismo inglés. Los privaron de su cultura, dioses y tradiciones, y no se les permitía participar de las actividades tradicionales de la sociedad americana; lo único que les quedaba era refugiarse en la música como consuelo del alma expresando su espiritualidad a través de cantos e instrumentos sonoros para conectarse con sus antepasados y hermanos perdidos, originando el suave lamento de los desgarradores blues y desarrollando el ritmo espontáneo del jazz. A pesar de obtener la libertad en 1.863 durante la guerra de secesión, y de haber sido abolida la esclavitud e iniciada la emancipación, cien años después la población negra estaba en peores condiciones en el país de la libertad y la democracia. La segregación continuaba, así como la matanza indiscriminada de personas por el solo hecho de tener la piel oscura. Los negros eran libres pero no tenían igualdad de condiciones, había colegios para blancos y para negros, bebederos diferenciados, en los autobuses los negros tenían que sentarse en la parte trasera y cederle sus asientos a los blancos si estos así lo deseaban. Ningún espacio o lugar dejaba de ser parte de la discriminación que existía. Es durante este período de atropello racial que el sur inicia una gran lucha por los derechos civiles de Norteamérica. Pero esta lucha tiene la característica de ser pacifica: la revolución de la no-violencia liderada por Martín Luther King, cuyo fin no es derrotar al enemigo sino ponerlo en evidencia.

Los grupos que se formaron en la posguerra pelearían por la libertad, la igualdad y la paz mediante el pacifismo, que parecía ser el estandarte de los movimientos surgidos a partir de la lucha por los derechos civiles; tanto los movimientos estudiantiles, cuyo ideal era cambiar el autoritarismo educativo por una educación interactiva en la que todos participaran; como el movimiento feminista que surge del 68 al 69 y buscaba la igualdad de condiciones para las mujeres, y los movimientos que luchaban por el respeto a la libre opción sexual. Una generación que había sido preparada para recibir los beneficios del modo de vida americana, y sería dueña de la herencia económica por la que pelearon sus antepasados, se levantaba contra el país que por un lado gritaba democracia y por el otro oprimía a sus propios hijos, a la vez que trataba de dominar violentamente naciones tan lejanas a su geografía como Vietnam. Este hecho turbaba la mente de los jóvenes nacidos en la generación del baby boom (del 50 al 60), haciéndolos cuestionar el sistema en que habían crecido como principales beneficiarios. El individualismo, la competencia extrema que los llevaba a la soledad absoluta, el consumismo, el autoritarismo educativo, las reglas que condenaban a unos por su color de piel, a otros por su opción sexual, fueron enjuiciados por estos jóvenes, cuya idea era ampliar el concepto de libertad, aboliendo los prejuicios que fomentaban la intolerancia hacía la gente. Gradualmente los grupos se fueron uniendo contra lo que ellos consideraban era la máxima expresión de miseria humana: La guerra.

High Ausbury (San Francisco) fue el inicio de la utopía que luego se haría realidad por unos instantes en Woodstock. Por ser san Francisco uno de los estados más libres de prejuicios culturales, fue la cuna de reunión de los movimientos sociales y políticos del país. Allí llegaron los jóvenes con la idea de ampliar el concepto de libertad por el que venían luchando, de abolir los esquemas que fomentaban la intolerancia hacía la gente. Desde la primera reunión High Ausbury se convirtió en el centro de experimentación de miles de chicos que buscaban otras formas de relacionarse con el mundo aparte de las que les presentaba el comercio y la publicidad. Todo era un experimento que llevaba a otro para finalmente acceder a las diferentes realidades posibles, porque lo único imposible era mirar el mundo desde un solo ángulo. Lo que sucedió en este lugar fue el primer acto contracultural norteamericano. Los movimientos políticos habían originado una revolución cultural sin retorno, pues lo que se vivió cambió la forma de ver y sentir. La búsqueda de otros tipos de conocimientos, la búsqueda de lo sagrado en las civilizaciones antiguas, que los llevó a la desacralización de la sociedad occidental, la búsqueda de un contacto primitivo y esencial con el mundo se revierten en la invención del LSD (ácido lisérgico) y en la experimentación con alucinógenos y demás substancias que les permitieran explorar y sentir con mayor intensidad los sonidos ácidos de los ritmos que se iban entretejiendo por las calles de San Francisco, mientras Janis Joplín y los Big Brother and the Holding Company, Jeffersons Air Plane y Gratefull Dead agrupaban a los jóvenes en torno a la música libertaria que acompañaban con unos cuantos ácidos repartidos entre el público, haciendo de este punto el lugar ideal para la juventud. El rock unió a los jóvenes que luego de compartir en los conciertos se encontrarían en las manifestaciones públicas. “La música y la historia se funden en una sola, y no se puede contar la historia sin la música. Porque la música lo cantó antes de que la historia lo contara”.

Un año después el gobierno prohibió los ácidos y las comunidades fueron desalojadas de High Ausbury. Pero el movimiento contracultural no acabaría ahí. Como el estandarte era la no violencia -compartir, amar y tolerar-; los jóvenes decidieron vivir en comunidades en los bosques aledaños. Estas se convirtieron en familias alternativas a las que cada uno accedía o rehusaba: Las comunas hippies. Donde nació una forma de vida paralela al sistema que reunió escritores, como los de la onda Beat (Allen Ginsberg, William Bourrougs, Jack Kerouac), empresarios musicales, diseñadores textiles, artistas, estudiantes y músicos, publicaciones independientes e investigadores periodísticos que centraban la información que venía desde Vietnam. Posteriormente actuaron como redes de escape, colaborando con jóvenes en edad de ser reclutados para la guerra. Estos pasaban de comuna en comuna hasta llegar a Canadá, donde gozaban de la no extradición. La deserción fue tan grande que se equiparó en número con los voluntarios de la guerra. A Canadá huyeron alrededor de 450.000 jóvenes, mientras a Vietnam fueron 550.000 voluntarios.

Conozco un lugar donde cabemos todos... Si en un instante nuestros sueños y realidades se tocaran y los deseos que alberga el corazón se vieran materializados por un segundo, permitiéndonos sentir la libertad en todo su esplendor durante unos pocos minutos en los cuales el mundo que quisiéramos tener nos es entregado; igual que un espejo en el cual vemos reflejada la vida, la sociedad, como si se discurriera el velo que ha estado interfiriendo durante años entre nuestra realidad y la realidad universal; podríamos decir que vimos el lugar de la utopía, en donde todo ser puede alcanzar el límite de la felicidad. Hombres y mujeres de todas las edades llegaron a este sitio a vivir la mayor experiencia de libertad y transgresión que ha podido sentir la sociedad norteamericana. Las comunas tratando de crear un universo, los pacifistas ganándole la batalla al sistema, los iconoclastas exhibiendo su cuerpo desnudo para desafiar más de 2.000 años de sometimiento sexual, todos los participantes sabían y entendían que estaban en el lugar adecuado, en el momento indicado para llevar a cabo la que fue la mayor revolución cultural y social de la última época, cuyo eje central era la música. Con la idea de encontrarse en el concierto donde se congregarían los principales exponentes del rock y la contracultura, y de hacer palpables la unidad, la tolerancia y el amor predicados durante la última década, llegaron 350.000 personas a un lugar que estaba preparado para recibir 70.000 asistentes. Fueron tan grandes sus convicciones, que durante los tres días de concierto no hubo un solo acto de agresión “EL QUE ESTÁ AL LADO SUYO, ES SU HERMANO”, decían las pancartas y anuncios en tarima, y los asistentes así lo entendieron.

Nunca se repitió este acto, porque jamás existió el contexto cultural, social y político que enmarcó la obra llamada Woodstock. Después de 36 años el mundo todavía experimenta los cambios sociales y culturales del concierto que inició la era de las libertades sexuales, religiosas, raciales y políticas la tierra de la libertad. Después de 35 años Jimi Hendrix, Joe coker, The Who, Carlos Santana saludan desde Woodstock e invitan a conocer el lugar de la utopía, en donde los sueños se unen con la realidad durante unos pocos instantes que son suficientes para cambiar la historia.


Última vez actualizado el : 28-01-2006 00:00

Publicado el : Crónica, periodismo y literatura, Crítica: Cultura y sociedad
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(2) RSS comentarios
Enviado por animalejo, el 10-05-2006 13:28, , Guest
1. Bien dateado
Se ve que investigaste fuerte o que realmente sos una fanática de la música. Sea como sea, por ambas ganás puntos. ¿No te animás a dedicarle unas líneas a Monterrey?
 
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Enviado por Ricardo, el 10-05-2006 13:24, , Guest
2. Genial
Me encantó. Qué manena mas peculiar de vivir en paz si vemos que el que está al lado nuestro es nuestro hermano. Ese si es un lugar donde cabemos todos. Interesante este texto. En alguna ocasión escuché hablar de Woodstock, pero nunca me preocupé por averiguar de que se trataba. Ahora que escribes este texto Caro, me doy cuenta de la información tan valiosa de la que me había perdido. Gracias
 
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