| Autor: Carolina Ángel Idoro, el 08-02-2006 00:00 |
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 Entre la avenida sexta y Chipichape se halla el Parque de la Música.
Durante las ferias de Cali este lugar se ve engalanado con especiales visitantes
que llegan con sus discos como un tesoro guardado bajo sus brazos. Estos particulares
visitantes se reúnen allí con un objeto social específico:
difundir y multiplicar los conocimientos acumulados por años de investigación
y experiencia en el desarrollo historiográfico de la música afrocaribeña.
Son los melómanos. Un grupo social con características independientes
e identitarias en su conformación urbana. En este espacio, con estos
sujetos, la música se aprecia en su connotación artística,
histórica y cultural, no sólo como un formato de divertimento.
El lugar, acondicionado para recibir cerca de cinco mil visitantes por noche
que van a escuchar las temáticas musicales definidas por la organización,
y presentadas por reconocidos melómanos provenientes de diversas partes
de Colombia y del mundo, tiene otras variables que ensanchan el propósito
de esta reunión anual. Se hicieron presentes cerca de setenta comerciantes
de música, libros, fotografías, instrumentos, litografías,
videos, que permiten la inmersión del visitante y el especialista en
el universo y la magia caribeña. El evento estuvo matizado por música
en vivo de orquestas nacionales e internacionales que cerraban la noche y despedían
a los caleños tras doce horas continuas de disfrutar y bailar con un
ritmo ajeno a su espacio telúrico y conformación social. La
salsa, el son, la guaracha, el danzón, la pachanga, la columbia, el mambo,
el bolero antillano, el son montuno y el new yorkino, deleitaban a
incansables bailadores, afirmando con esta posibilidad que la salsa y la música
afrocaribeña tienen un lugar privilegiado en su cultura y cotidianidad.
Cali es considerada la capital mundial de la salsa, imaginario urbano originado
y afianzado con un proceso social de más de siete décadas en que
la música afrocaribeña se ha adoptado y recepcionado a través
de los melómanos, como una impronta de su cultura e identidad. La génesis
de este fenómeno, que se prolongó en el tiempo hasta desembocar
en la adopción de una cultura ajena a nuestra geografía, tiene
sus raíces en la construcción del ferrocarril del Pacífico
hacia 1920, que conectó a Cali con Buenaventura. Tras la apertura del
puerto, se hizo común observar a los nativos que se embarcaban en los
buques multinacionales, llegando con colecciones discográficas de diversos
países del caribe. Cali se vio influenciada por estos nuevos sonidos
y progresivamente, entre los habitantes de la antigua ciudad, se hizo frecuente
el culto hacia la música afrocaribeña proveniente, en principio,
del puerto de Buenaventura.
Cali es una ciudad alejada de la costa y enclavada en un valle interandino,
sin embargo, la conexión con Buenaventura y una climatología específica
permiten un ambiente similar al que se encuentra en la extensión del
Caribe. El fenómeno caribeño se refuerza debido al proceso del
mestizaje, que encuentra en la raza negra un factor dominante para la apropiación
de culturas cuyo centro es la base percutiva. Posteriormente, hacia los años
cincuenta, Cali se convierte en centro comercial e industrial. Recibe una gran
ola caribeña, ya no en formato de disco como los antiguos receptores,
sino con la visita artística de grandes figuras y orquestas de la música
afrocaribeña, a las que todavía se rinde homenaje en las reuniones
de melómanos y coleccionistas, recordando sus éxitos y anécdotas,
ya que muchos de ellos fueron partícipes activos de este fenómeno
cultural que creció en los barrios populares de Cali.
En los años cuarenta y cincuenta, durante el acelerado auge industrial,
y con la violencia partidista en campos y aldeas colombianas, la inmigración
intensa profundizó la hibridación cultural, y consolidó
un nuevo “sensorio” que, como caldo de cultivo, permitió
la ávida recepción de la música antillana y la rítmica
caribeña en Cali. Estas preferencias y gustos se expresaron inicialmente
en los sectores populares, pues la pasión por esa música expresaba
el goce y la liberalidad del cuerpo que se hacía ritmo corporal en el
baile . Llegaron en su momento de esplendor el Trío Matamoros,
Miguelito Valdés, El Septeto Habanero, la Riverside, Celina y Reutilio,
alcanzando su clímax con la visita recurrente del más grande de
los conjuntos del Caribe década tras década: La Sonora
Matancera con sus cantantes principales: Daniel Santos, Celia
Cruz, Bienvenido Granda, Leo Marini, Carlos Argentino Torres, Alberto Beltrán
y el barranquillero Nelson Pinedo. Esta ola musical generó movimientos
culturales y sociales al interior de la ciudad en torno a la música caribeña,
afianzando el gusto por esta a través de la proliferación de bares
y salsotecas, reuniones de coleccionistas y concursos de baile. Cali se convertía
en una sede del Caribe en el Océano Pacífico.
Los datos históricos alrededor del fenómeno identitario generado
en Cali a partir de la influencia de la música caribeña se pueden
rastrear principalmente a través del discurso de los “museos
vivientes”, o representantes sociales de la música, en obras
literarias que exponen la adopción del ritmo nacido en las antillas,
como la novela Celia Cruz Reina Rumba de Umberto Valverde (melómano,
investigador y escritor caleño), quien recrea magistralmente con su historia
la época gloriosa de la música antillana en Cali; y en material
periodístico que recoge en crónicas, como las del Alfonso Bonilla
Aragón, la atmósfera cultural y social del barrio popular caleño,
contaminado progresivamente con una cultura ajena que terminó por inundar
la ciudad y sus alrededores; ejemplificando un claro caso de enajenamiento cultural
e incidencia massmediática que permeó la ciudad, el consumo y
los gustos musicales de los caleños. En las dos décadas siguientes
a la ola caribeña de los cincuenta, el fenómeno se transformó
y fortaleció con la salsa - originada en New York -, que encontró
en Cali un espacio cómodo y de aceptación debido al anterior proceso.
De nuevo llegan a Cali las grandes vedettes en su momento cumbre. Desde New
York, Cuba y Puerto Rico arriban estrellas del naciente género para presentarse
en eventos masivos como la feria de Cali, que contribuyó a que el imaginario
colectivo de ser otra meca del popular ritmo, se enraizara debido a la visita
recurrente de grandes invitados del género. La novela ¡Que viva
la música! de Andrés Caicedo es un registro crónico y ficcionado
de este fenómeno. Un referente de la importancia sociocultural de la
salsa en la relaciones de modernidad y actualidad de la atmósfera juvenil
caleña del setenta.
A lo largo de estás siete décadas, el melómano y coleccionista
ha contribuido silenciosamente al fortalecimiento del imaginario colectivo que
constituye a Cali como capital de la salsa. Su trabajo de recopilación
de piezas discográficas ontológicas, de difusión de la
tradición afrocaribeña, de creación de redes de coleccionistas,
ha ubicado a Cali como un centro neurálgico de tributo constante a la
nostalgia y a nuevas armonías del género, fortaleciendo así
su permanencia en el imaginario urbano de la ciudad.
El decimocuarto encuentro de melómanos y coleccionistas de Cali es una
tradición de la ciudad. Resultado de una transformación generacional
del sujeto social coleccionista de música, que a través de su
experiencia personal, cultivó y proporcionó a la ciudad un elemento
cultural constituido en rasgo identificable. En cada década la ciudad
se vio afectada por el trabajo anónimo de este ser urbano, que interiorizaba
los ritmos modernos provenientes del Caribe y los irradiaba simultáneamente
a la ciudad mediante la actividad nocturna y cultural. Hoy la ciudad no siente
pertenencia por el rotulo afianzado en el desarrollo de la tradición
afrocaribeña. Sin embargo los melómanos, en su afán romántico
y nostálgico, se han propuesto como misión recuperar el título
de capital mundial de la salsa para Cali. Es por eso que se han organizado como
asociación (Asociación de melómanos y coleccionistas de
Santiago de Cali), conformada por redes de coleccionistas (UNIMELC-Conciencia
Latina), a través de encuentros programáticos y especializados
en barrios y clubes de la ciudad, constituyéndose como la principal y
más grande asociación de melómanos del país y una
de las más importantes de Latinoamérica. Su logro más importante
fue impulsar el encuentro de melómanos de la feria a nivel internacional,
ello se produjo gracias al reconocimiento en el exterior de Melómanos
Documentos, la publicación periódica de su magazín musical.
Esta asociación sigue luchando por la permanencia de la tradición
afrocaribeña, no encuentra en los massmedias recepción de sus
objetivos, pues ante las oleadas migratorias y el auge de nuevos géneros
comerciales, la cultura de la salsa se ha visto desplazada paulatinamente de
los gustos de los habitantes de Cali. El interés de seguir sosteniendo
el rotulo de Cali como capital salsera, hoy por hoy, sólo le pertenece
a los melómanos, pues esta es su justificación histórica
y social.
Del 26 al 30 de diciembre de 2005, en el marco de la 48 feria de Cali,
se realizó en el Parque de la Música el 14 encuentro de coleccionistas
y melómanos de Cali. Primer encuentro internacional de esta materia con
invitados especiales de Francia, España, Alemania, Puerto Rico, Panamá
y New York. Este evento se constituye progresivamente en una opción cultural
dentro de la feria, recogiendo con él los vestigios de una tradición
salsera en Cali, que pretende mantener el estandarte como capital mundial del
género caribeño.
Última vez actualizado el : 08-02-2006 00:00
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