| Autor: Laura Juliana Muñoz Toro, el 17-02-2006 00:00 |
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¿No les pasa que cuando ven a alguien que les parece atractivo, les huele rico, que tiene una voz sensual o una piel agradable al tacto, el corazón parece estallar, la respiración se corta o se sonrojan?
Lo que pasa es que cuando nos enamoramos nuestro cerebro libera feniletilamina o la “hormona del amor” haciendo que nuestro organismo sienta placer y bienestar. Sin embargo, este periodo en el que abunda el deseo sexual, no dura más de tres o cuatro años ya que la pasión se marchita cuando el cuerpo deja, naturalmente, de producir estimulantes y narcóticos.
Ahora bien, el amor no solo es cuestión de química y Vicente Verdú (escritor y periodista. Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Sorbona. Escribe actualmente en el diario El País) abona a la poca duración del amor, el hecho de que éste se pueda consumir como cualquier producto del mercado. La realidad es que en Colombia, de cada 30.000 parejas que se casan al año, el 30% se separa a los dos años ¿por qué? Cada relación promete más emoción que la anterior, pero no promete que ésta sea más duradera, ya que en la modernidad la velocidad y la novedad hacen que cada objeto, incluso el amor, sufran de progeria, o vejez acelerada, limitando su uso para aprovechar el tiempo en lo que el mercado nos ofrece. El amor resulta ‘liberador’ al reconocer la libre elección y al generar una ruptura con la rutina; sin embargo, esta función se relaciona más con el amor pasional, aquél que brinda emoción, novedad y velocidad, igual que la modernidad. Este tipo de amor, como les decía al comienzo, tiende a agotarse en menos de tres años por razones científicas; luego, la siguiente relación renueva la vitalidad en el corazón y la sensación de placer en el cerebro. De forma parecida funciona la sociedad del consumo, en la que el amor es como el agua “si no corre, se pudre”. Por otro lado, la sociedad de consumo tiene como misión proveer de placeres sin tregua: el sexo se mercantiliza por medio de la pornografía o el aumento de las relaciones vía Internet. Incluso las celebraciones festivas son una excusa para comerciar al amor. En el día de San Valentín, por ejemplo, los enamorados compran un ‘detalle’ para cumplir con la tradición ¿Quién no celebra aniversario, incluso “mesisario”, la navidad y el día del amor y la amistad con un regalito? Los medios evidencian la existencia del “amor como objeto de consumo”. Por un lado aparecen modelos de cómo deberían ser las relaciones; en el cine por ejemplo, sobre todo el Hollywoodense, las temáticas comunes son relaciones las utópicas, la flor, la mariposa, el color rosa, el final feliz y el amor que vence las barreras de la estratificación social. Un ejemplo cercano son los Reyes. Ahora bien, ¿se podría llegar a pensar en ser altruistas en una sociedad basada en el beneficio, el contrato, el dinero y la estrategia propios de una sociedad móvil y mercantilizada? ¿Sería posible darle arraigo y sentido a nuestra vida a partir de una relación que otorgue estabilidad en medio de un mundo tan acelerado? ¿Es posible considerando al amor mismo como un producto más del mercado? Pues Marx diría como una ley matemática “entre más se valoriza el mundo material, menos se valoriza el mundo humano” Última vez actualizado el : 20-10-2006 12:21
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