| Autor: Vera Carvajal, el 22-02-2006 00:00 |
| Visitas |
2519  |
|
|
|
El humor es tal vez una de las características humanas más divinas. El efecto fascinante del humor tiene un efecto curativo admirable pues, solamente sabremos que las heridas se han curado, cuando podemos reírnos de ellas. Y de mano del humor, de voz en voz, de mano en mano, es como ha circulado uno de los fenómenos de comunicación de mayor recordación en los últimos años, La Pelota de Letras.
El monólogo de Andrés López, o como ahora suelen llamarlo stand-up comedy, durante sus tres horas, logra una gran compenetración e identidad con los asistentes ya que, al final, cada uno sentirá que por el escenario pasan rasgos fundamentales de la vida familiar propia, un recordis de esos lazos comunes a todos, un retrato despiadado de lo que somos la mayoría de colombianos. Las frases, gestos y muletillas de La Pelota de Letras, han invadido la comunicación cotidiana de los colombianos y aún los medios masivos, que a fuerza de repetición, las reproducen y las resignifican. 
“Le queda terminantemente prohibido”, “Pinta un bosque y piérdete”, “Multiplícate por cero”, “Sal de frutas… disuélvete” y sobre todo, “Deje así”, hoy están en boca de todos, reproduciéndose gracias a la grabación del show, que en su versión legal o pirateada (a pesar de la larga disuasión inicial) se ha visto, una y muchas veces, en las casas de los colombianos en todo el mundo. Creo que al final del show pasan dos cosas muy buenas en uno. La primera es la liberación de las sentencias paternales y maternales. Es como un exorcismo. La segunda es la reconciliación con la generación (o de-generación) que a uno le tocó. Solo algo finalmente creo que se cuela mal y es el uso externo de la comedia. Ese tufillo uribista que la rodea y dice a todo grito “Deeeje así”.
Este artículo fue cedido por Vera Carvajal desde su blog personal Tierra de Maíz - www.tierrademaiz.com Última vez actualizado el : 22-02-2006 00:00
(6)
|
|
|