| Autor: Lina Marcela Huang, el 03-03-2006 00:00 |
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¿De dónde eres? ¿Cómo eres? ¿tienes Webcam? Típicas preguntas que se hacen en un mundo de seres anónimos. Ancianos, niños y jóvenes se encuentran en el espacio público virtual y se alimentan con sus “experiencias”, consiguen “amores” y se introducen en un juego múltiple de preguntas y respuestas que solo se sustentan en la mera palabra y quizás en una que otra ojeada por la "webcam". El Chat y las formas de comunicación virtual han traspasado las fronteras para abrir un “lugar” en el que tengo la ventaja de hablar y “conocer” al otro donde quiera que esté.
De la conversación personal al encuentro efímero. No hay que negar que esta forma de comunicación facilite la interacción en la medida en que se borran las distancias. Pero, por otro lado, habría que preguntarse si al mismo tiempo agranda la soledad. Alejamiento y vacío. Ubicuidad y soledad a la vez consisten no solo en el hecho de conectarse sino en el de fantasear ser alguien distinto. El que se vincula a estas conversaciones, juega al disfraz sin estar comprometido. “Puedo mentir y nadie me juzgara. Soy libre de moverme fuera de los límites. Vuelvo a ser el niño centro del mundo y no tendré que asumir ninguna clase de responsabilidad”. También, por supuesto, se encuentra la relación invertida que al final termina siendo lo mismo: Una revelación frente al compañero virtual como frente al espejo, porque está la sensación de alguien que pasa, el anónimo que está al otro lado de “mi espejo” no tiene “rostro”. La apariencia y al mismo tiempo la desnudez pasan a ser dos caras del mismo asunto. De otro lado, el fenómeno se convertiría en una solución parcial a los problemas. “Me sumerjo en lo virtual y me olvido de mí mismo” mediante imágenes y conversaciones rápidas que pueden o no llegar a concretarse. ¿Hasta qué punto somos más que la materialización de una fantasía dentro de este espacio? ¿De qué manera nos absorbe para dejar de pensar con profundidad? La paradoja está también en el hecho de la relación como tal. Puede haber mayores interacciones entretejiéndose, pero mayor crisis para enfrentarse a los problemas reales en las que casi el mismo equipo se vuelve el centro de atención. Me transformo en el individuo del disfraz o del desenmascaramiento hacia el personaje “ausente” que está al otro lado. Ausente en la medida en que no media el hecho de encontrarse en lo que creemos realidad y poder observar reacciones, lenguajes, comportamientos, y además en convertirnos en una ilusión ampliada por la tecnología ("cámara u otros elementos") No se pretende una visión apocalíptica en la que nos dirigimos al caos irremediable del aislamiento o donde la máquina que utilizamos para esta comunicación es tan importante como para volverse en contra nuestra (un álter ego rebelándose) (recordando “Una Odisea del espacio”, Kubrick 2001) para anhelar volver a la conversación “natural”, renunciando a los “recovecos engañosos” del Chat. Tampoco plantear un llamado a dejar estos medios. De hecho, ha habido matrimonios, amistades e intercambios, gracias a ellos. No es posible volver atrás. Sin embargo, sería necesario tomar consciencia de las implicaciones que trae un inocente diálogo, en el que al fin y al cabo, confluyen dos sujetos inicialmente “sin nombre y sin rostro” y que rompiendo con las barreras del alejamiento, podría producir un alejamiento de sí mismo e incluso de lo que es el otro en su totalidad ensanchando las barreras del vacío en medio de las múltiples interacciones. Última vez actualizado el : 09-05-2006 16:47
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